Oremos para que todas las mujeres reciban este mensaje en este momento a lo largo de toda la faz de la tierra que esto que les estoy transmitiendo a ustedes sea transmitido a todas las mujeres nacidas y por nacer, que se extienda este mensaje redentor. Sientan como este círculo se va expandiendo, expandiendo, expandiendo, besando en la frente a todas las mujeres, vamos Diosas abrazando a todas las mujeres del mundo, en un trabajo multiplicador del bien, en una misión Divina de llevar esa sensación de ser los agentes activos que traen la medicina al mundo, somos las mujeres de poder, del poder místico, del poder divino, del poder del amor, somos mujeres luz y estamos compartiendo la luz con todos los seres, imantamos al planeta tierra con esa presencia, siente como viaja la consciencia de tu ser, trabajando con miles y miles de mujeres, dignificando su papel de Diosas, dignificado su papel de madres, llevándoles el mensaje de que somos libres en el espíritu y que desde esa libertad espiritual podemos vivir con dignidad, abundancia y amor en la tierra, dejen correr las lagrimas del perdón, conmuevan su ser. La madre se sensibiliza en Vds.
Nos abraza haciendo que el fluir de sus lagrimas lave ya todo el dolor del mundo, que el fluir de sus lagrimas sea ya la alegría de la Diosa viendo a sus hijas, redimidas, liberadas y de nuevo en el nivel amoroso, soberano que verdaderamente le corresponde, co-creamos con nuestros sentimientos luminosos, ¡dejen que sus sentimientos se expresen, se expandan, así trabaja la Diosa, así las vírgenes lloran, pero lloran lagrimas de luz, de redención y de perdón, seamos esas vírgenes, seamos esas madres, llevemos con nuestras lagrimas ese rocío celestial que calma todo dolor, que limpia todas las heridas, que sane el desamor, la separatividad, las lagrimas de la madre son lagrimas que unifican, que purifican, que bendicen, que sanan, que traen alegría a nuestros corazones.
Somos un solo ser en el amor, nuestro gran útero se siente fecundo, nuestro gran útero se siente maternal y acuna a todos los seres, hombres y mujeres; los abraza, esas lagrimas se convierten en ese líquido de vida, el liquido amniótico, es saladito porque es el llanto, el llanto de amor, el llanto que envuelve, el llanto que abraza, que susurra canciones de cuna, que le dice a toda la humanidad, ¡cálmate, el dolor ya ha pasado! sosiégate, porque ya el tiempo de la lucha ya ha pasado, y con nuestro ser de amor arrullamos, acunamos a esta nueva humanidad, una humanidad que todavía está aprendiendo el amor, pero que ese es el camino, esa es la respuesta que ya todos estamos buscando, la madre le susurra al oído a de toda esta humanidad, el amor es la única respuesta, el amor es la única respuesta, el amor es la única respuesta.
Acunen, abracen, esta la humanidad aquí, recién nacidita, está todavía tan pequeña, está gestando ese poder que había olvidado, y ahora por la acción amorosa de la madre, está regresando, todas juntas, todas cooperando, todas juntas en un mismo útero divino, todas somos necesitadas, las grandes y las chicas, todas las mujeres son una sola mujer, todas las mujeres son las madres gestoras de esta humanidad, y estamos dándole con toda la fuerza de nuestro amor, nuestra convicción de que solo la luz de Dios salva.
Agradecemos a los corazones de toda esta humanidad por habernos escuchado, por haber entrado al útero de la madre, por estar aquí con nosotros, y desde el corazón sublime de la madre, recibimos la gratitud amadas hijas, pilares de mi corazón en la tierra, les agradezco su presencia, su convicción y su amor hacia la luz, las reconozco como a mí misma, mantengan viva la llama del amor, el estandarte más sublime, elévenlo siempre, vívanlo, siéntanlo.
La Diosa en nosotras ha hablado, su mensaje ha sido claro, su trabajo fecundo y su amor generoso, lo que ella nos ha dado hoy, es lo que nos dará siempre. Recordemos su mensaje, que se quede ya presente en todos nuestros pensamientos, que sature todas nuestras actitudes, para que las actitudes estén en santa comunión con su mensaje, que llenen nuestro hablar, nuestro mirar, nuestro tocar, para que sean las manos de la Diosa, aquí en la tierra, ella nos ha tocado, ha tocado en nuestros corazones, la fibra más profunda de nuestro ser, y su toque es divino, nos ha transfigurado, nos ha redimido, y ha puesto en claro nuestra misión, con todo el amor de nuestro corazón, le vamos a decir:
¡Gracias Madre! ¡Gracias Madre!
¡Gracias Madre!
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