Deber y
belleza son como el Polo Norte y el Polo Sur.
¿Qué es la
belleza? La belleza es la unicidad de lo finito y lo Infinito. La belleza es la
expresión de lo Infinito a través de lo finito, el hombre. La belleza es la
encarnación de Dios el Infinito en el hombre. En el mundo material, el mundo
físico, Dios se revela a través de la belleza.
La belleza
del alma es la belleza sin parangón en el mundo físico. Esta belleza inspira al
mundo externo y colma al mundo interno. Esta belleza nos hace uno con el Alma
de Dios, la Luz infinita. Esta belleza nos hace uno con el Cuerpo de Dios, el
Universo. Cuando vivimos en el mundo de la aspiración, llegamos a comprender que
el Deber trascendental y la Belleza universal son las expresiones perfectas de
una misma Realidad.
El deber.
En nuestra vida cotidiana, el deber es algo desagradable, exigente y
desalentador. Cuando se nos recuerda nuestro deber, perdemos toda la alegría interna,
espontánea. Nos sentimos miserables. Sentimos que podiamos haber utilizado
nuestra energía de vida para un mejor propósito. Sólo una persona carente de
sentido común puede decir que no sabe cual es su deber. Cada persona conoce
bien su deber, demasiado bien. Pero depende de ella el cumplirlo o no.
La vida de
un aspirante es la vida que ha de cumplir el deber supremo. Su deber primero y
más importante es realizar a Dios. No puede haber otro deber excepto este, la
Realización de Dios, en su vida aquí en la Tierra.
Un
aspirante, cuando ve la luz del día, es inspirado por Dios mismo con este
mensaje: 'Realízame en la Tierra, revélame en la Tierra, cólmame en la Tierra'.
El tiempo
es fugaz. El tiempo no nos espera. Tenemos que ser sabios. Podemos utilizar
cada momento para un propósito divino. Podemos utilizar cada momento en el
desempeño de nuestro deber fervoroso.
El deber es
doloroso, tedioso y monótono simplemente porque lo hacemos con nuestro ego,
orgullo y vanidad. El deber es placentero, alentador e inspirador cuando lo
hacemos por Dios mismo. Lo que tenemos que hacer es cambiar nuestra actitud
hacia el deber. Si trabajamos por Dios mismo, no hay entonces deber. Todo es
alegría; todo es belleza.
Cada acción ha de ser ejecutada y ofrecida a los Pies
de Dios. El deber por amor a Dios es el deber supremo. No tenemos ningún
derecho a asumir otro deber antes de haber logrado nuestra propia salvación
espiritual. ¿Acaso no nos confió Dios esta maravillosa tarea en el momento
mismo de nuestro nacimiento? El deber supremo es esforzarse constantemente por
la realización de Dios. El tiempo es corto, pero la misión de nuestra alma en
la Tierra es sublime. ¿Por qué deberíamos gastar el tiempo en los placeres de
los sentidos?
A menudo
decimos que no tenemos ninguna obligación para con los demás, porque no hemos
aceptado nada de ellos. No nos han dado nada. Cierto, no estamos bajo
obligación alguna. Pero hay algo llamado 'expectación'. Tal vez yo no haya
tomado nada de ti, pero eso no significa que tú no esperes algo de mí.
A veces
tu expectación puede ser legítima. Puedes esperar, ciertamente puedes; pero hay
una cosa que no puedes hacer: no puedes exigir. Puedes esperar, y dependerá de
mí si te doy o no lo que quieres. Pero no debes exigir. Sólo Dios puede exigir.
Dios y sólo Dios puede exigir mi vida entera. Cada individuo ha de sentir que
Dios tiene el derecho absoluto a reclamarlo por siempre aquí en la Tierra y
allá en el Cielo. Ama mucho a tu familia. Ese es tu gran deber. Ama más a la
humanidad. Ese es tu deber mayor. Ama a Dios lo que más. Ese es tu mayor deber.
Tu deber supremo.
Hay dos
cosas: una el recuerdo y otra el olvido. Todos sabemos que nuestro deber es
ganar nuestro salario. Ciertamente, es nuestro deber, y siempre lo recordamos.
Pero hay otro deber. A fin de obtener nuestro salario tenemos que trabajar. De
alguna manera nos las arreglamos para olvidar esto.
En el mundo
espiritual también hay un deber. Este deber es gozar del fruto de la
Realización de Dios. Todos lo sabemos, y estamos sumamente ansiosos por
ejecutar este deber. Pero, desafortunadamente, olvidamos el otro deber: la
meditación. Un deber es gozar de los frutos; el otro deber es lograr los
frutos. Pero somos lo bastante listos como para clamar por los frutos de la
realización mucho antes de haber entrado en el campo de la meditación. Si no
hay meditación, no hay realización. Sin meditación, la realización de Dios no
es más que auto-engaño.
Un
aspirante tiene un deber muy significativo y es el deber de tener perfecta fe
en sus posibilidades divinas. Si tiene fe en sí mismo y fe en el Guru viviente,
entonces puede fácilmente realizar el deber supremo, el deber del
auto-descubrimiento, la realización de Dios.
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