Partiendo
de la base de que uno de los objetivos básicos de todo ser humano debería ser
"construir una vida con sentido y que le permita gozar de ella", el
psicólogo Mihaly Csikszentmihalyi (pronúnciese Cis-zen-mijáli) ha señalado que
"uno de los instrumentos más importantes en esta búsqueda lo ofrece la
psicología". Muchos psicólogos y filósofos han estudiado ese problema
desde los tiempos más arcaicos.
Recientemente, el psicólogo Daniel Goleman ha
recogido muchos de esos estudios y les ha dado un empuje global muy
interesante. Su libro "Inteligencia Emocional" (1995), aparte del
éxito de ventas, se ha convertido en una magnífica guía para conseguir éxito en
la vida, en el sentido de felicidad, no de éxito económico, aunque sus
propuestas han sido utilizadas también por empresas.
La
importancia del optimismo ha sido demostrada, por ejemplo, a partir de pruebas
efectuadas por el psicólogo entre alumnos universitarios de Estados Unidos.
En
ese estudio se concluyó que el rendimiento académico universitario de un alumno
depende más de la actitud de éste que de su Coeficiente Intelectual Así, vieron
que unos buenos resultados académicos eran obtenidos más por alumnos con una
actitud positiva y optimista (evaluados a través de test especiales) que por
alumnos con una buena nota en el un test con una elevada correlación con el
Coeficiente Intelectual. es el examen de aptitud escolar que realizan los
estudiantes estadounidenses que acceden a la Universidad (el equivalente a la
prueba de Selectividad en España).
los
estudiantes con un alto nivel de expectativas se proponen objetivos elevados y
saben lo que deben hacer para alcanzarlos. El único factor responsable del
distinto rendimiento académico de estudiantes con similar aptitud intelectual
parece ser su nivel de expectativas".
Goleman
añade que el optimismo y la esperanza impiden caer en la apatía, la
desesperación o la depresión frente a las adversidades. Los pesimistas
consideran que los contratiempos constituyen algo irremediable y reaccionan
ante la adversidad asumiendo que no hay nada que ellos puedan hacer para que
las cosas salgan mejor y, por tanto, no hacen nada para cambiar el problema.
Los pesimistas y pusilánimes deberían tener en cuenta que esa actitud no es
algo con lo que se nace y por lo que no se puede hacer nada, sino que es una
actitud que podemos cambiar a cualquier edad. Uno mismo es responsable de sus
propias actitudes y, aunque puede no ser fácil, pueden cambiarse y uno debe
estar siempre dispuesto a mejorarse a sí mismo.
Goleman lo
sintetiza de la siguiente forma: "Es la combinación entre talento
razonable y la capacidad de perseverar ante el fracaso lo que conduce al
éxito". Esta última actitud es básica en lo que llama "inteligencia
emocional" que, resumiendo, la define como la "capacidad de
motivarnos a nosotros mismos, de perseverar en el empeño a pesar de las
posibles frustraciones, de controlar los impulsos, de diferir las
gratificaciones, de regular nuestros propios estados de ánimo, de evitar que la
angustia interfiera con nuestras facultades racionales y, por último --pero no,
por ello menos importante--, la capacidad de empatizar y confiar en los
demás". La empatía, según la Real Academia Española es la
"participación afectiva, y por lo común emotiva, de un sujeto en una
realidad ajena." En general se entiende que esa "realidad ajena"
son los sentimientos de las demás personas.
La actitud
de saber "diferir las gratificaciones" ha demostrado ser también muy
importante, pues invoca la capacidad de saber que para conseguir ciertos éxitos
hay que saber esperar y trabajar por ellos. Es un error buscar sólo las
gratificaciones inmediatas o a corto plazo. En varios experimentos efectuados
sobre niños se ha demostrado que aquellos con mayor capacidad para diferir las
gratificaciones conseguían mayores éxitos en sus vidas adultas, mientras que el
otro grupo era más propenso a tener una vida desordenada (delincuencia, drogas,
insatisfacción...).
Goleman
alude a la educación como algo fundamental en la formación de la inteligencia
emocional indicando que "si nos tomamos la molestia de educarles, nuestros
hijos pueden aprender a desarrollar habilidades emocionales
fundamentales". De hecho, cada vez es más frecuente encontrar colegios que
impartan clases de control emocional a sus alumnos, aunque por desgracia, esto
es aún demasiado extraño.
Como se
demuestra en ese libro ya nadie duda de los efectos positivos del optimismo y
el buen humor sobre la salud en general y sobre nuestra felicidad. Hablaremos
más adelante algo más sobre la felicidad.
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