Las
transiciones o los grandes cambios en nuestras vidas no siempre son fáciles
pero todo el mundo tiene que enfrentarlas en un momento u otro.
He pasado
por un montón de importantes cambios en mi vida. Algunos fueron malos, otros
fueron buenos. Cada vez que me enfrento a un gran cambio me gusta hacer una
pausa por un momento y recordarme a mí mismo que siempre hay algo bueno
esperándome al otro lado una vez que haya pasado dicha transición.
Es ese
pensamiento de que algo bueno me espera al otro lado lo que realmente me ha
ayudado de una gran manera. Recordarnos que las cosas serán mucho mejores hace
que un gran cambio sea más aceptable.
Si algo he
aprendido es que un cambio o una transición en sí no es muy aterrador. Lo que
asusta es la idea de terminar en una peor situación una vez que hayamos dado el
paso. Por ejemplo, hace unos diez años atrás decidí mudarme a otro país. Fue
una decisión que yo había contemplado durante años pero nunca había encontrado
el coraje para hacerlo.
No tenía
miedo al cambio. De hecho era justo lo contrario. Yo quería pasar por esa
transición para ver como cambiaba mi vida ante ese gran cambio de escenario.
Lo único
que me asustaba era la idea de que las cosas no salieran como pensaba y
terminara en una mala situación una vez que ya hubiera hecho esa transición. Yo
tenía miedo de gastar todo mi dinero en la mudanza para terminar sin trabajo y
solo en una gran ciudad dentro de otro país. ¿Y si al final esa transición
resulta ser un gran error?
Por
supuesto, eso nunca sucedió.
Mis peores
temores nunca se hicieron realidad. En el momento en que había llegado al otro
lado de esa transición (mudarme a otro país) ya había ganado más de lo que
incluso esperaba. No sólo encontré un trabajo e hice nuevos amigos, sino que
además la experiencia de mudarme a otro país cambió la forma en que veo las
transiciones y los cambios de vida.
Ya no tengo
miedo de una transición porque me imagino las buenas cosas que podrían estar
esperándome en el otro lado. No me preocupo por todas las cosas malas que
podrían sucederme. Ya por mi cabeza no pasan los peores escenarios que pudieran
suceder.
Ahora
prefiero pensar en términos del mejor de los escenarios. ¿Cuál será el mejor
resultado posible que me espera cuando realice este cambio? Esto me ha ayudado
a tener una gran cantidad de fe en mis decisiones a la hora de tomar grandes
cambios para mi vida.
Hay tres
cosas que realmente pueden ayudarte a que tengas fe cuando sucedan grandes
cambios en tu vida:
Confía en
ti mismo y en tus habilidades.
Todos los
cambios requieren de una buena toma de decisiones. Tienes que confiar en que tú
sabes cuales son las mejores decisiones para tu vida y que las decisiones que
tomes serán las correctas.
Da igual si
se trata de renunciar a tu trabajo para encontrar algo mejor o simplemente
tomar la decisión de irte a vivir a otra ciudad, tú te vas a enfrentar a una
gran cantidad de nuevos desafíos y obstáculos.
La mayoría
de la gente subestima su capacidad de lograr el éxito si toman un gran cambio
para sus vidas. Pero a menudo tú tiene más destrezas y habilidades de las que
tú crees.
El peor de
los escenarios nunca va a suceder.
Justo antes
de que te decidas a tomar esa oportunidad y dar un paso audaz hacia algo que
quieres, un pensamiento desagradable aparecerá en tu cabeza. Es un pensamiento
agudo y persistente de que algo absolutamente horrible va a pasar si lo haces.
Estos son
los peores escenarios. Te dices: “si dejo mi trabajo, voy a terminar sin dinero
y sin hogar” o tú piensas: “Viajar a esa ciudad no me traerá más que
dificultades y penurias”.
Por alguna
razón estos pensamientos nos llegan a la mente de forma muy fácil. Lo más
difícil es imaginar esa decisión como algo bueno. Un gran cambio puede ser una
oportunidad para el crecimiento y tu boleto a una vida mejor.
El peor de
los escenarios ocurre tan raramente que pudiera compararse a que tuvieras miedo
de que te alcanzara un rayo. Pensar en todas las cosas malas que te esperan
sólo te impedirá tomar las acciones necesarias para cambiar tu vida.
Por encima
de todo: mantente optimista.
Como he
dicho antes, pensar que después de ese gran cambio tu vida va a ir a peor, a
veces da más miedo que el propio cambio en sí. Así que mantente optimista y
piensa que esa decisión era necesaria y asegúrate así de que el miedo no se
deslice dentro de tu cabeza.
Dependiendo
de qué transición hayas tomado (cambio de ciudad, país, trabajo, etc.), podría
pasar algo de tiempo antes de que llegues hasta el final. Tú debes seguir
creyendo que las cosas van a estar bien. Tu optimismo te mantendrá trabajando
hacia tu meta.
En el
momento en que te vuelvas pesimista, tú comenzaras a esperar que las cosas
empiecen a ir mal. Y una vez que esperas que las cosas vayan mal, esto a menudo
ocurrirá.
Haz que tus
decisiones se materialicen
A medida
que camino a través de mi vida, espero seguir tomando más y más decisiones
acerca de dónde quiero que vaya la misma. Esto significará mucho más
transiciones y cambios por venir. Pero ahora tengo fe de que al otro lado de
esas transiciones los cambios serán positivos y satisfactorios.
No puedes
tener miedo de hacer un gran cambio simplemente porque tienes miedo de que las
cosas vayan a salir mal para ti. Ten fe en que las cosas van a estar bien al
final. Es sorprendente la frecuencia con la que las decisiones que tomamos
salen bien si trabajamos con optimismo y esfuerzo.
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