Pero resulta que tienes un amigo que siempre parece tenerlo
todo listo. El siempre está ocupado pero nunca a un nivel extremo y jamás lo
ves estresado ni frenético. Parece gestionar su familia, el trabajo y sus
pasatiempos con facilidad e incluso de forma habitual se toma los fines de
semanas para escaparse y tomar un descanso.
¿Cómo lo hace? ¿Tiene una poción mágica que él no comparte o
hizo algún tipo de pacto de productividad con el diablo?
No, la respuesta es más mundana que eso.
Puede que lo creas o no pero tú tienes hábitos que te están
impidiendo que hagas tu trabajo, haciendo que seas menos eficaz que tu amigo y
que al final te quedas con una lista de tareas que nunca termina.
¿De dónde vienen esos malos hábitos? Tú no eres una mala
persona – Tú no quieres tener una interminable lista de tareas pendientes ni
sentirte totalmente agotado al final del día. Tú simplemente quieres conseguir
terminar todas tus tareas.
El problema es que has estado haciendo las cosas de la misma
manera durante tanto tiempo que no te has dado cuenta de que no eres eficiente.
Aquí tienes la definición de hábito: “Es un patrón de comportamiento adquirido
a través de una repetición frecuente.” Este concepto no hace ninguna mención de
la eficiencia.
Pero lo hermoso de los hábitos es que tú los puedes cambiar.
Comienza a pasar de esos viejos hábitos improductivos y obtén nuevos y
poderosos hábitos y conviértete en una de esas personas altamente eficientes.
Aquí tienes siete hábitos que seguramente tu eficiente amigo
no posee, además ten indico la mejor manera de deshacerte de ellos:
1. La multitarea
Puede parecer que hacer un par de cosas a la vez es mucho
más inteligente, pero la verdad es que terminaras haciendo todo mal o tus
trabajos tendrán poca calidad. Existe un límite en lo que nuestro cerebro puede
manejar a la vez y la multitarea sólo te hacer ser ineficiente y además solo
conseguirás estresarte
La solución: Haz solo una cosa a la vez, fácil ¿no? Esto
calmara tu mente, te permitirá concentrarte y podrás hacer mejor tu trabajo
además de disfrutar del proceso. Una vez que termines esa tarea, mira la lista
y pasa a la siguiente.
2. Gastar tu tiempo más productivo en tareas que no son
importantes
¿Sientes que en la mañana tienes más energía? Entonces estás
desperdiciando toda esa energía si te la pasas revisando el Facebook, o bajando
aquella canción para tu ipod o llamando a un amigo para charlar antes del
almuerzo.
La solución: Haz cada noche una lista de tareas pendientes
para el día siguiente, no más de dos o tres tareas que sean muy importantes.
Aprende a apreciar en qué momento del día te sientes más productivo (en la
mañana, a media tarde o en cualquier hora del día), a continuación programa
esas actividades para realizarlas a esas horas. Una vez que hayas limpiado tu
lista de tareas pendientes para ese día, ponte a realizar otras tareas que no
eran tan esenciales.
3. Trabajar en un escritorio desordenado
A pesar de que tú digas: “¡Pero yo sé exactamente dónde está
todo!” Yo no me lo creo. Desorden físico es igual a desorden mental y esto no
es bueno ya que te impide concentrarte y no podrás completar lo que tienes que
hacer.
La solución: Toma dos horas y haz tres pilas de papeles
clasificadas en: ‘para tirar’, ‘pendientes’ y ‘realizar ahora’. Entonces,
¿Adivina qué? Tira la primera pila de papeles a la basura. Coloca la pila de
‘pendientes’ en una carpeta dentro del escritorio. Por último, comienza a trabajar
con la pila de ‘realizar ahora’ o muévela a tu lista de tareas pendientes.
4. Empezar y parar y empezar de nuevo
La inconsistencia es el enemigo de la productividad. Y es
frustrante tener una tarea o un proyecto que tome más tiempo de lo debido.
La solución: No hace falta que seas la persona más
inteligente o la más talentosa pero sí debes ser persistente. Toma acción y se
constante incluso aunque sientas que no estás llegando a ningún lado día tras
día. Tú verás los resultados con el tiempo. (Piensa en la siguiente cita de
Thomas Edison: “Yo no he fracasado. Solo he encontrado 10.000 formas en que
esto no funciona.”).
5. Ceder al temor
El miedo es algo normal, significa que te estás desafiando a
ti mismo. Sólo porque tienes miedo de algo no significa que debas evitarlo.
Puede que eso que tienes que hacer y que te da miedo sea lo mejor para ti.
La solución: De aquello a lo que tienes miedo piensa que
puede pasar en el peor de los casos. ¿Va a matarte? ¡No! Entonces considera lo
que podría suceder – de forma realista – si haces esa cosa que te atemoriza.
Imagina el escenario e imagínate lidiando con ello. Déjame decirte un secreto:
probablemente nunca va a suceder el peor de los casos. Deja simplemente que el
miedo se vaya.
6. Establecer objetivos imprecisos
Tú puedes decir que quieres “ganar más dinero” o “estar más
saludable” pero ¿Qué significan esas metas? Son demasiado ambiguas para
producir cualquier tipo de acción deliberada por tú parte, por lo tanto no
podrás crear ningún plan de acción para conseguir tus objetivos.
La solución: Establece metas u objetivos y hazlos
específicos, medibles, realistas y alcanzables. Cambia “ganar más dinero” por
“añadir un nuevo cliente cada mes”, o “estar más saludable” por “caminar 30
minutos, cinco días a la semana durante tres meses”. Comienza a admirar tu
progreso.
7. Culpar a una situación o a otros del por qué no puedes
alcanzar tus metas
Culpar es un juego perdido. Claro, tú puedes tener una
cuenta bancaria anémica o un jefe que te regaña constantemente, pero al fin y
al cabo es tu vida. Quejarte y mantenerte atrapado en el “pobre de mí” te
alejara de tus metas.
La solución: Comienza a asumir tú responsabilidad. Te lo
debes a ti mismo y al mundo el aprovechar al máximo tus talentos y dar lo mejor
de ti. Se dueño de tu pasado, presente y futuro. Deja de gastar energía
quejándote y ve como aumenta tu productividad.
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